
La discusión sobre la imposición de impuestos progresivos a las grandes fortunas en Argentina ha sido un tema candente que ha generado opiniones encontradas. La sabiduría convencional suele oponerse a esta idea, argumentando que podría desincentivar la inversión y el emprendimiento, e incluso llevar a una fuga de capitales. Sin embargo, durante los últimos 8 o 10 años, hemos sido testigos de ajustes económicos continuos que han recaído constantemente sobre los hombros de la clase media baja y los sectores de bajos ingresos.
Ya sea mediante aumentos inflacionarios, depreciaciones monetarias o reducciones en subsidios y alzas en servicios públicos, siempre son estos sectores los más afectados por las medidas económicas. Mientras tanto, las grandes fortunas parecen haber eludido cualquier tipo de ajuste significativo.
Es importante destacar que en Brasil, el presidente Lula ha establecido en su país el impuesto a las grandes fortunas. ¿Qué esperamos para Argentina? ¿Que el ajuste lo siga pagando siempre la misma gente?
No será hora entonces de replantear quién debería cargar con el peso del ajuste. Si queremos construir una sociedad más justa y equitativa, tal vez sea momento de considerar medidas que redistribuyan la carga hacia aquellos que se han beneficiado desproporcionadamente del sistema económico. Es este tipo de reflexiones críticas las que nos permiten cuestionar la lógica convencional y buscar alternativas más justas para nuestro país.
La implementación de impuestos progresivos a las grandes fortunas podría ser una opción viable para reducir la brecha entre ricos y pobres en Argentina. Este tipo de medidas permitiría que aquellos con mayores ingresos contribuyan de manera proporcional a la sociedad, y no recaiga siempre sobre los mismos sectores más vulnerables.
Además, es importante tener en cuenta que la desigualdad económica no solo es injusta desde un punto de vista social, sino también desde el punto de vista económico. La concentración excesiva de riqueza puede llevar a una menor movilidad social y a una disminución en el consumo interno, lo cual afecta negativamente al crecimiento económico a largo plazo.
Es cierto que existe un temor generalizado entre los sectores más adinerados de que estos impuestos puedan desincentivar la inversión y el emprendimiento. Sin embargo, varios estudios demuestran que este temor está infundado. Países como Suecia o Noruega han implementado impuestos progresivos exitosamente sin afectar su capacidad para atraer inversiones extranjeras.
Además, es necesario cuestionar la idea de que las grandes fortunas son resultado únicamente del mérito individual. Es evidente que existen factores estructurales y contextuales (como acceso a educación de calidad o redes sociales) que influyen en la acumulación desigual de riqueza. Por lo tanto, no sería injusto pedirle a aquellos con mayores fortunas que contribuyan más al bienestar común.
En conclusión, la discusión sobre la imposición de impuestos progresivos a las grandes fortunas en Argentina debe ser abordada seriamente. Si queremos construir una sociedad más justa y equitativa, debemos replantear quién debe cargar con el peso del ajuste económico. Implementar medidas que redistribuyan la carga hacia aquellos que se han beneficiado desproporcionadamente del sistema económico es una alternativa más justa y equitativa. Además, existen ejemplos internacionales exitosos que demuestran que estos impuestos no desincentivan la inversión ni el emprendimiento. Es hora de cuestionar la lógica convencional y buscar alternativas más justas para nuestro país.
Lic. Diego Navarro
Consultora Polites




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