En el ámbito de la economía, nos encontramos muchas veces con la discrepancia entre la teoría y la realidad. Los economistas convencionales han establecido como verdad absoluta que la emisión monetaria es la causa principal de la inflación, y que el libre mercado es el mecanismo ideal para mejorar la vida en sociedad. Según esta visión, al reducir la emisión monetaria, la inflación debería disminuir drásticamente, siguiendo la lógica de «muerto el perro, muerta la rabia».
Sin embargo, la realidad nos muestra que el mundo no es tan simple ni tan ideal como nos lo pintan. En la práctica, no existe una competencia perfecta en el mercado, sino que existen actores con posiciones monopólicas que pueden fijar precios a su antojo. Además, en un contexto de crisis internacional como la derivada del conflicto entre Rusia y Ucrania, la inflación puede verse afectada por factores a nivel global, incluyendo a monedas como el dólar, que muchas veces es considerado un refugio seguro.
Otro factor para tener en cuenta es el severo endeudamiento en dólares que sufre la Argentina, que puede generar una demanda excesiva y una oferta escasa de la moneda, lo cual, siguiendo la lógica del libre mercado, tiende a aumentar su valor y desde ahí a la inflación, aunque hubo una baja del dólar ¿y la inflación bajó? Si los tenedores de dólares pertenecen a sectores poderosos de la economía, es probable que presionen por una devaluación para aumentar sus ganancias, lo que a su vez puede contribuir al aumento de la inflación.
En este escenario complejo, el ministro de economía, Luis «Toto» Caputo, se ve en la situación de solicitar a las supermercadistas que bajen los precios, argumentando que los aumentos no se ajustan a la realidad económica. Este tipo de medidas nos recuerdan a épocas pasadas, como la del ministro Juan Carlos Pugliese durante el gobierno de Raúl Alfonsín, quien se veía obligado a implorar por medidas que mitigaran la hiperinflación, “les hable con el corazón, me contestaron con el bolsillo” decía Pugliese.
La inflación no es simplemente un número, es un fenómeno que conlleva la destrucción del tejido productivo del país, el aumento del desempleo y niveles crecientes de violencia. En este contexto, es fundamental adoptar un enfoque más heterodoxo y menos ortodoxo, que permita abordar las crisis sociales de manera más efectiva. A pesar de las diferencias ideológicas con el presidente Javier Milei, es importante recordar las palabras de Lord Keynes: «Es mejor actuar en el corto plazo, porque a largo plazo todos estaremos muertos».
Es crucial tener la capacidad de leer la realidad y encontrar soluciones adecuadas para salir de esta crisis económica que lleva ya varios años afectando a la sociedad. No solo los sectores de clases bajas y medias deben cargar con el peso del ajuste, sino que es necesario buscar un camino más equitativo y sostenible para todos los ciudadanos, además de una cuestión ética, hay un tema de realidad, el tiempo se acorta.

Lic. Diego Navarro
Consultora Polites




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