
En la sociedad actual, es alarmante observar cómo el fascismo de la ignorancia sigue ganando terreno. Este fenómeno se manifiesta en la falta de interés por informarse, en la negación de la evidencia científica y en la intolerancia hacia las opiniones divergentes. El resultado es una polarización cada vez mayor, donde las personas se aferran a sus creencias sin estar dispuestas a cuestionarlas o a escuchar otras perspectivas.
El fascismo de la ignorancia se caracteriza por la cerrazón mental, la falta de empatía y la tendencia a deshumanizar al otro. Aquellos que lo practican se aferran a ideas simplistas y prejuiciosas, rechazando cualquier información que contradiga su visión del mundo. Esto conlleva a la propagación de teorías conspirativas, la difusión de noticias falsas y la desinformación en general.
Es importante destacar que el facismo de la ignorancia no se limita a un grupo específico de la sociedad, sino que puede manifestarse en personas de cualquier nivel educativo, clase social o afiliación política. Lo preocupante es que, en muchos casos, esta actitud se refuerza a través de las redes sociales y de la polarización política, creando burbujas de información donde solo se refuerzan las creencias propias.
Combatir el fascismo de la ignorancia requiere un esfuerzo colectivo. Es fundamental promover la educación crítica, fomentar el pensamiento reflexivo y cultivar la empatía hacia los demás. También es necesario impulsar el acceso a información veraz y confiable, así como fortalecer el pensamiento crítico y la capacidad de discernimiento en la sociedad.
En última instancia, el fascismo de la ignorancia es un obstáculo para el progreso y la convivencia pacífica en nuestra sociedad. Solo a través del diálogo respetuoso, la apertura a nuevas ideas y el compromiso con la verdad podremos combatir esta peligrosa tendencia. Es responsabilidad de cada uno de nosotros contribuir a la construcción de una sociedad más informada, tolerante y justa.
Lic. Diego Navarro




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