En una provincia donde los días parecen calcados y el tiempo se mide en eternos mandatos del Frente Cívico, irrumpe una figura que promete romper con todo. Tomás Figueroa, principal referente de La Libertad Avanza en Santiago del Estero, viene con la espada libertaria desenvainada y, como diría Milei, listo para «dinamitar» el status quo. Pero, ¿puede un discurso que predica la destrucción del Estado encontrar eco en una provincia donde el empleo público es el último bastión contra la indigencia?

¿De Mesías Libertario a Hereje Político?

Figueroa se presenta como la antítesis del zamorismo. Aunque no tiene un discurso por sí mismo antiliberal, asume la posición de La Libertad Avanza, que busca destruir al Estado como ha afirmado el presidente Javier Milei. Su discurso es un cóctel explosivo de liberalismo económico, conservadurismo social y desprecio visceral por «la casta». Esto resulta paradójico, considerando que Figueroa proviene de una familia tradicional de empresarios estrechamente vinculados al Estado provincial, al que ahora busca destruir desde su trinchera libertaria.

Sin embargo, en una provincia donde la burocracia estatal es la columna vertebral de la economía, predicar la reducción del gasto público es, como mínimo, una ironía digna de un stand-up político. ¿Cómo piensa convencer a los miles de empleados públicos cuya subsistencia depende del «Estado elefante» que tanto critica? Quizá con promesas de un futuro utópico donde todos seremos emprendedores exitosos. Pero en Santiago, donde los «unicornios» son criaturas de cuentos y no startups, ese mensaje suena tan convincente como un aire acondicionado en pleno apagón.

Estrategias a Medias y un Terreno Difícil

La Libertad Avanza carece de una estructura política real en Santiago del Estero. En un territorio donde las bases partidarias se construyen en el barro del interior profundo, Figueroa parece apostar por un activismo digital y la promesa de un cambio disruptivo. Eso funciona en redes sociales, pero no necesariamente en un pueblo del interior de la provincia donde el Wi-Fi llega más tarde que la ambulancia.

Además, su narrativa antisistema enfrenta un dilema: mientras critica al Estado, debe convencer a una población que depende de él para su sustento. Esto no es CABA, donde el mensaje «liberal cool» encuentra adeptos entre baristas y traders. En Santiago, el peronismo y el zamorismo son más que partidos: son redes de contención social, con más defectos que virtudes, pero también con una base fiel que opera como salvavidas para amplios sectores.

Promesas de Libertad en Tierra de Necesidades

Figueroa también carga con el reto de traducir un discurso nacional a las particularidades de su provincia. ¿Cómo justificar propuestas de dolarización y apertura económica en un lugar donde el comercio es tan local que podrías comprar fiado en cualquier almacén? El santiagueño promedio podría preguntarse: «¿Qué es eso del libre mercado si el único mercado que conozco es el de los días sábados?»

A esto se suma el «ajuste motosierra» promovido por Milei, que incluye recortes radicales en jubilaciones, universidades y programas sociales. En Santiago del Estero, donde la universidad pública es muchas veces la única puerta de acceso a la educación superior, y los jubilados representan una parte importante del tejido social, estas ideas pueden sentirse más como una amenaza que como una solución. El mensaje libertario podría terminar siendo percibido como una quita de derechos en lugar de una promesa de prosperidad.

La Oportunidad del Descontento

Como objetivo real en lo electoral, según la encuesta de la consultora Polites, lo concreto es posicionarse como segunda fuerza en lo local, sumar bancas de diputados provinciales y aspirar a lograr alguna banca nacional. Este objetivo, si bien desafiante, no es imposible. Requiere que Javier Milei nacionalice la campaña para legisladores, apalancando su figura para arrastrar votos en las regiones donde su discurso disruptivo tiene menos presencia territorial.

Dicho esto, no todo está perdido para Figueroa. Su apuesta podría resonar en sectores jóvenes que sienten que el zamorismo les ofrece un techo de cristal. El desencanto con el sistema tradicional podría ser su plataforma de despegue. Pero para eso necesita algo más que retórica explosiva: necesita propuestas viables y una narrativa que conecte con las necesidades locales, lejos de ser percibida como una receta impuesta desde Buenos Aires.

¿Revolución o Retroceso?

Tomás Figueroa no es un fenómeno interesante sino más bien una persona de una familia tradicional de empresarios vinculados al Estado provincial, que promete libertad individual en una provincia donde la colectividad está profundamente entrelazada con el Estado. Su irrupción podría ser el inicio de un cambio en el paisaje político santiagueño o, más probablemente, una curiosidad efímera que recordarán los analistas dentro de unos años.

Lo que es seguro es que su cruzada libertaria en Santiago del Estero plantea una pregunta fascinante: ¿puede el liberalismo práctico florecer en un terreno tan hostil? La respuesta, como siempre, la tendrá el electorado, entre un mate y una pausa para la siesta.

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