En el actual panorama político de Santiago del Estero, un segmento significativo de la población no se siente representado por ninguna de las principales fuerzas: el Frente Cívico, La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio. Este 20% del electorado conforma un grupo con demandas específicas que aún no encuentran eco en las opciones existentes.
Este fenómeno, que se repite en varias provincias del país, demuestra que una porción importante de la ciudadanía busca alternativas políticas que rompan con las estructuras tradicionales sin caer en el extremismo ideológico.
Un electorado con identidad propia
Si bien este sector no responde a una única tendencia ideológica, comparte ciertos rasgos en común. Se trata, en su mayoría, de trabajadores y jubilados, con un nivel socioeconómico bajo y medio-bajo, y una fuerte dependencia del Estado, ya sea a través del empleo público o programas de asistencia social.
A diferencia del electorado fiel al oficialismo provincial o a los nuevos movimientos libertarios, estos votantes ven con buenos ojos un Estado presente, pero no invasivo, y consideran que las políticas económicas deben enfocarse en la estabilidad y el desarrollo de oportunidades. Sin embargo, su desconfianza en el sistema político actual los ha dejado en una suerte de limbo electoral.
El perfil de este electorado es clave para entender los cambios que podrían producirse en las próximas elecciones. Si bien tradicionalmente han apoyado opciones que les garantizaban estabilidad económica, en los últimos años han comenzado a cuestionar la falta de respuestas concretas a sus problemas más urgentes.
El desencanto con el modelo económico
Una de las principales preocupaciones de este sector es el ajuste económico y su impacto en la vida cotidiana. La eliminación de subsidios, el aumento del costo de vida y la falta de un plan económico inclusivo generan incertidumbre y frustración. Aunque la provincia muestra indicadores macroeconómicos relativamente estables, el bolsillo de los ciudadanos dice otra cosa.
La mayoría de estos votantes considera que no hay propuestas claras para enfrentar la inflación ni para mejorar el poder adquisitivo. En muchas familias, los ingresos ya no alcanzan para cubrir las necesidades básicas, lo que genera una sensación de inseguridad económica.
Además, la desigualdad en el acceso a servicios esenciales como la salud y la educación refuerza su escepticismo respecto a los partidos tradicionales. Se percibe un abandono del Estado en zonas más alejadas de los centros urbanos, lo que amplifica el malestar social.
El rechazo a la confrontación política
A diferencia de otros sectores del electorado, este grupo rechaza los discursos polarizantes. La agresividad en el debate público y la falta de empatía por parte de ciertos líderes políticos son vistas como obstáculos para solucionar los problemas reales.
En su lugar, buscan un liderazgo más pragmático y moderado, capaz de gestionar sin caer en la confrontación constante. No se identifican con el tono beligerante de algunos sectores de la oposición ni con la actitud triunfalista del oficialismo. Quieren propuestas claras y viables, no discursos vacíos o promesas que nunca se cumplen.
Este grupo de votantes podría inclinarse por una opción que represente consenso y gestión eficiente, en lugar de promesas grandilocuentes que no se materializan en mejoras concretas en su calidad de vida.
¿Una nueva opción en el horizonte?
Para que una nueva fuerza política capte a este electorado, debe diferenciarse tanto de la gestión provincial como de la oposición tradicional. Las claves para lograrlo incluyen:
✔ Un discurso constructivo y realista, alejado de la grieta política.
✔ Propuestas concretas y medibles en empleo, inflación y seguridad social.
✔ Un mensaje de estabilidad y esperanza, sin caer en la demagogia.
✔ Un liderazgo con credibilidad y cercanía, que entienda las necesidades de la gente.
✔ Una estrategia territorial fuerte, que permita llegar a los barrios y comunidades olvidadas.
Muchos electores quieren una política que los escuche y atienda sus necesidades sin recurrir a fórmulas del pasado que han demostrado ser ineficientes. La clave está en ofrecer una alternativa que genere confianza y brinde soluciones concretas en el corto y mediano plazo.
Una oportunidad para la política
Este 20% del electorado santiagueño representa un espacio de crecimiento para una alternativa que aún no ha surgido con suficiente fuerza. Si bien las estructuras tradicionales siguen dominando el escenario, el descontento y la falta de representación abren la puerta a nuevos liderazgos.
A medida que se acerquen las elecciones, este sector podría convertirse en la clave para un cambio en la provincia. Pero para ello, es imprescindible que alguien logre interpretar su mensaje: menos confrontación, más soluciones.
Si una opción política logra articular un mensaje basado en la estabilidad, la gestión eficiente y la cercanía con la gente, podría capitalizar este electorado y transformarlo en una verdadera fuerza de cambio.
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