Javier Milei no es un político tradicional. No es un presidente en el sentido clásico. Es un performer del conflicto, un hábil ilusionista de la crisis permanente. Su estrategia no es gobernar en el sentido convencional; su verdadera obra es sostener el espectáculo. Y lo más inquietante es que lo sabe.

Desde el día uno, Milei ha construido un modelo basado en tres pilares fundamentales: destrucción, polarización y victimización. Cada una de sus movidas responde a una lógica implacable de supervivencia en un ecosistema donde él mismo incendia el campo de batalla para obligar a que todos luchen en su terreno.

1. Destrucción: el arte de gobernar dinamitando todo

Milei llegó al poder vendiéndose como un revolucionario dispuesto a «hacer explotar el sistema». Pero aquí está la clave: no busca gobernar sobre los escombros, sino mantenerse en el acto de demolición perpetua.

La ley ómnibus y su fracaso no fueron un error, sino una jugada maestra de victimización. Si la aprobaban, ganaba. Si la rechazaban, también. Porque ahora su relato es más fuerte: «No me dejan cambiar nada porque la casta protege sus privilegios».

¿El truco? No necesita resultados. Su gestión se basa en la percepción de que intenta algo que el sistema corrupto no le permite hacer. Si nada funciona, no es su culpa, es culpa de la casta. Así no puede fracasar.

2. Polarización extrema: el enemigo es el combustible

No hay Milei sin enemigos. No hay Milei sin guerra. Él no quiere gobernar, quiere combatir. Si el sistema no le ofrece suficientes adversarios, él mismo los fabrica.

  • ¿Cristina Kirchner ya no está en el poder? No importa. «El kirchnerismo sigue manejando todo.»
  • ¿La oposición está fragmentada? No hay problema. «Todos los políticos son parte de la casta y están en mi contra.»
  • ¿La sociedad empieza a cuestionarlo? Se redobla la apuesta: «Los medios te mienten, los empresarios te roban, los políticos te traicionan.»

La polarización no es una herramienta más en su estrategia. Es el corazón de su discurso. Su éxito no depende de construir nada nuevo, sino de dinamitar los puentes entre los sectores de la sociedad hasta que solo haya dos bandos: Milei o el caos (aunque el caos sea él).

3. La trampa de la victimización y las Fake News como arma

Cada derrota es una victoria encubierta. Cada ataque refuerza su relato. Milei no necesita gobernabilidad; necesita martirologio.

  • La derrota de la Ley Ómnibus: «El Congreso protege la casta.»
  • El escándalo con la criptomoneda $LIBRA: «Los medios me difaman.»
  • La guerra con Axel Kicillof: «La provincia está tomada por el kirchnerismo y si no la puedo intervenir es porque el sistema protege a los delincuentes.»

Cada golpe en contra lo convierte en el héroe incomprendido de su propio relato. No lo debilitan; lo fortalecen.

Aquí es donde las Fake News entran en juego. No solo las utiliza para desacreditar a sus críticos, sino que las convierte en una herramienta clave de su estrategia comunicacional. Si un escándalo lo salpica, el mensaje es claro: «todo es una operación del sistema». Si se viraliza una noticia en su contra, «es un invento de los medios tradicionales».

Incluso, Milei y su entorno fomentan narrativas alternativas con datos tergiversados o directamente inventados para sostener su posición. El objetivo no es demostrar que dice la verdad, sino generar dudas sobre la credibilidad de sus opositores.

4. La bomba del NY Times y el posteo de la desesperación

Pero hay algo que podría romper su círculo virtuoso del caos: la corrupción en su entorno.

Hoy, The New York Times reveló una trama de pagos ilegales en su entorno, donde empresarios del sector cripto denunciaron que tuvieron que pagar hasta 50.000 dólares para acceder a reuniones con Milei durante el Argentina Tech Forum en octubre de 2024.

El informe menciona a Mauricio Novelli, un allegado al presidente, como la pieza clave en este esquema. Incluso Charles Hoskinson, fundador de Cardano, confirmó haber recibido solicitudes de pago para acceder al mandatario. (Fuente)

En paralelo, Milei explotó en redes sociales con un post incendiario, exigiendo la renuncia de Axel Kicillof y amenazando con intervenir la provincia de Buenos Aires, en un intento por desviar la atención. (Fuente)

La pregunta es: ¿será suficiente esta cortina de humo para tapar las acusaciones de corrupción?

5. ¿Cuál es el final de esta jugada?

Aquí viene la parte más oscura: esta estrategia tiene fecha de vencimiento. Milei está atrapado en su propia lógica. Solo tiene dos caminos posibles:

Opción 1: Mantener el caos hasta que todo implosione

Si sigue este camino, la crisis social y económica puede volverse incontrolable. La gente no se alimenta de narrativa, se alimenta de comida. La inflación, los despidos y la pobreza tienen un límite de tolerancia.

Opción 2: Girar a la moderación (y traicionar su propio personaje)

Si en algún momento decide «gobernar en serio», debe negociar. Pero si negocia, pierde su identidad. Milei es el antisistema; si pacta con el sistema, deja de ser Milei.

Este es el dilema de su estrategia. No puede abandonar la confrontación porque es lo único que lo mantiene con vida política. Pero si la mantiene demasiado tiempo, puede llevarse puesto su propio gobierno.

6. ¿Genio del marketing o líder condenado?

Milei es un estratega brillante en la destrucción, pero su problema es que eventualmente la gente necesita algo más que espectáculo. En algún momento, los gritos dejan de ser suficientes. La gran pregunta es: ¿cuándo se romperá el hechizo?

Hasta ahora, su juego sigue funcionando. Pero la historia ha demostrado que los líderes que se sostienen solo en la polarización terminan enfrentándose a su peor enemigo: la realidad.

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