En un contexto político donde el discurso mágico y la épica suelen ser más atractivos que la gestión concreta, Javier Milei y su partido La Libertad Avanza continúan marcando presencia. Según Consultora Polites, Milei cuenta con un 40% de apoyo nacional en una eventual elección. Este número, impresionante a primera vista, revela sin embargo fisuras importantes que desafían su proyección de liderazgo.
Los puntos débiles detrás de los números
1. Provincia de Buenos Aires: Este territorio, bastión del kirchnerismo, representa un desafío estructural para el discurso libertario. Las bases del electorado en esta región están profundamente arraigadas a lógicas políticas tradicionales que Milei no logra penetrar completamente. Con más de un tercio de la población nacional concentrada en este distrito, su importancia en cualquier estrategia electoral es crucial. Sin un avance significativo aquí, su ascenso podría encontrar un límite insalvable.
2. Ciudad de Buenos Aires: A pesar de ser un terreno más afín al liberalismo, Milei enfrenta la resistencia del PRO, que sigue dominando el panorama local. Los niveles de apoyo en esta jurisdicción son notablemente más bajos que en el interior del país, lo que evidencia una base más frágil de lo que parece. Además, la influencia del aparato político porteño y el control de la gestión local limitan sus posibilidades de consolidar una presencia sólida.
3. Mujeres y mayores de 40 años: Este segmento de la población se muestra particularmente reticente al discurso libertario.
- Las mujeres, quienes cargan con la administración cotidiana de los hogares, viven de manera directa el impacto de la crisis: la inflación, los precios que cambian semana a semana y las tarifas que no dejan de subir. Esta percepción de la crisis económica a nivel microeconómico las posiciona como un grupo crítico frente a propuestas que no contemplen soluciones inmediatas.
- Los mayores de 40 años, con una memoria acumulada de crisis tras crisis, observan con escepticismo un modelo de ajuste económico que se presenta como inevitable pero que ya sienten en carne propia. Este grupo, que representa una proporción significativa del electorado, valora la estabilidad por sobre las promesas disruptivas.
El mito de la «tierra prometida»
Milei ha construido un relato político cargado de referencias míticas y bíblicas, donde su gestión se presenta como el camino hacia la «tierra prometida»: un destino de prosperidad económica y libertad individual. Este tipo de narrativa apela a un electorado descontento con el status quo y deseoso de un cambio radical. Sin embargo, este horizonte parece cada vez más inalcanzable, especialmente cuando se consideran los niveles de inflación que han regresado a cifras comparables a las de 2022.
El sueño de alcanzar una inflación de un dígito (-10%) se mantiene como objetivo, pero el costo para lograrlo plantea una pregunta fundamental: ¿Cuánto más puede tolerar la sociedad argentina? La paciencia social está al límite. Tras años de sacrificios, ajustes y resignaciones, ¿cuánto más puede cederse antes de que el tejido social termine por desgarrarse?
El silencio de la oposición
Por otro lado, mientras Milei construye su narrativa, la oposición parece haberse sumido en un preocupante silencio. Con más del 50% de los argentinos rechazando el liderazgo del economista libertario, cabe preguntarse: ¿Dónde están las alternativas?
La falta de una propuesta clara y de un relato convincente por parte de la oposición deja un vacío que Milei ha sabido ocupar con su épica. Pero en un país donde las crisis golpean los hogares de manera cotidiana, los slogans no son suficientes: se necesitan gestión, acciones concretas y liderazgos genuinos.
Mientras tanto, sectores clave de la población que buscan un cambio ven con desaliento la incapacidad de los partidos tradicionales para plantear una visión clara y una alternativa viable. Esto refuerza la polarización y deja a los votantes atrapados entre la incertidumbre de lo nuevo y el cansancio de lo conocido.
El contexto económico y el desgaste social
La economía argentina sigue sumida en una crisis persistente, con niveles de pobreza y desigualdad en aumento. La inflación galopante, que afecta tanto a los sectores populares como a la clase media, representa un obstáculo formidable para cualquier proyecto político. En este escenario, las promesas de Milei chocan contra una realidad compleja, donde las soluciones simplistas resultan insuficientes.
El desgaste social es evidente: el desencanto, la frustración y la desconfianza hacia la clase política son el caldo de cultivo para liderazgos disruptivos, pero también representan un riesgo de fractura social si las expectativas no se cumplen. La pregunta que surge es: ¿Puede la sociedad argentina soportar más ajustes en pos de un objetivo que aún parece lejano?
Más que relatos, resultados
El escenario político argentino está marcado por una mezcla de desesperanza y expectativas. Si Milei es el reflejo de un sistema político desgastado o la solución que Argentina necesita es algo que solo el tiempo dirá. Lo que sí es claro es que la sociedad argentina no puede seguir soportando ajustes interminables ni relatos vacíos.
La gran pregunta es esta: ¿Se sostendrá el liderazgo de Milei sobre bases reales, o su narrativa terminará chocando contra la dura realidad de los hechos?
La Argentina no necesita más disfraces ni slogans: necesita liderazgos que sean capaces de guiar al país hacia la prosperidad con acciones concretas, no solo con promesas míticas.





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