Por Consultora Polites
En el marco de las elecciones provinciales 2025, el Frente Cívico consolida una estrategia clásica de dominación electoral: priorizar la continuidad antes que la renovación. La designación de Elías Suárez como candidato a gobernador responde a una lógica que Giovanni Sartori (1994) denominaría “predominio de partido hegemónico”: el liderazgo central de Gerardo Zamora garantiza cohesión interna, disciplina de aparato y un marco institucional donde la competencia es formal, pero las condiciones materiales de disputa favorecen al oficialismo.
A diferencia de los sistemas multipartidistas competitivos, aquí la personalización del poder (Katz & Mair, 1995) opera a pleno: el nombre de Zamora funciona como capital político transferible, aún si el candidato no es una figura carismática ni de alta exposición pública. La estructura territorial —intendencias, comisionados, legisladores, redes de asistencia— asegura penetración en zonas rurales y periferias urbanas, territorios clave para el oficialismo.
En la oposición, la elección de Ítalo Cioccolani por parte de La Libertad Avanza introduce un elemento de alto riesgo: su pasado inmediato como funcionario del ANSES y rostro visible de la baja de 20 mil pensiones por invalidez lo convierte en blanco directo de ataques, especialmente en una provincia con fuerte dependencia de transferencias sociales. Desde el enfoque de agenda setting (McCombs & Shaw, 1972), el oficialismo tiene la oportunidad de instalar esa imagen negativa y encapsularlo como “enemigo de los humildes”.
El peronismo histórico, liderado por José Emilio Neder, parece jugar una estrategia defensiva orientada a retener la banca de senador nacional. Su aparato conserva peso en el interior, pero carece de una narrativa renovada que seduzca a jóvenes y sectores medios urbanos, un fenómeno similar al que Levitsky (2003) observó en partidos dominantes que pierden atractivo programático fuera de sus bastiones históricos.
Por fuera de estas dos estructuras, Despierta Santiago, con Alejandro Parnás, se presenta como la versión local del voto bronca (Taggart, 2000): una coalición de desencantados del zamorismo y libertarios frustrados que, aunque ruidosa, enfrenta el desafío clásico de los movimientos “anti”: convertir el enojo en capacidad organizativa y fiscalización electoral efectiva.
Preguntas estratégicas que abre este escenario:
- ¿Podrá Zamora transferir plenamente su caudal electoral a un candidato de bajo conocimiento como Suárez, o veremos un techo inesperado?
- ¿Logrará LLA neutralizar el peso negativo de Chocolani con un discurso disruptivo, o quedará encapsulado en la narrativa oficialista?
- ¿El peronismo de Neder es un actor con aspiraciones reales o solo un socio táctico del zamorismo para repartir el poder legislativo?
- ¿Puede Despierta Santiago construir estructura territorial suficiente para que su “voto bronca” no se diluya en el escrutinio?
- ¿Qué porcentaje de voto opositor lograría poner en riesgo la hegemonía del Frente Cívico?
📚 Referencias bibliográficas:
- Katz, R. S., & Mair, P. (1995). Changing Models of Party Organization and Party Democracy: The Emergence of the Cartel Party. Party Politics, 1(1), 5–28.
- Levitsky, S. (2003). Transforming Labor-Based Parties in Latin America: Argentine Peronism in Comparative Perspective. Cambridge University Press.
- McCombs, M., & Shaw, D. (1972). The Agenda-Setting Function of Mass Media. Public Opinion Quarterly, 36(2), 176–187.
- Sartori, G. (1994). Comparative Constitutional Engineering. New York University Press.
- Taggart, P. (2000). Populism. Open University Press.





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