Documento de Coyuntura — Octubre 2026
Una pregunta para empezar
¿Qué pasa cuando un gobierno construye su legitimidad sobre la promesa de decir la verdad, y la realidad empieza a contradecirlo sistemáticamente?
No es una pregunta abstracta. Es, quizás, la pregunta central que atraviesa el momento político argentino. Porque Milei no llegó al poder prometiendo gestión, ni acuerdos, ni moderación. Llegó prometiendo decir lo que nadie se animaba a decir. Y cuando el INDEC publica que la pobreza trepó al 32,3% y el Presidente responde que «los indicadores están arrojando cualquier cosa», esa promesa fundacional empieza a resquebrajarse.
El escenario que se abre entre octubre y noviembre de 2026 concentra una cantidad inusual de definiciones simultáneas: elecciones en Brasil, elecciones de medio término en Estados Unidos, la visita del Papa León XIV, una sesión clave en Diputados por el DNU 70/2023 y un deterioro económico que ya no admite negación. Es una zona de turbulencias. Y en las turbulencias, lo que define el resultado no es la velocidad del viento, sino la solidez del barco.
1. El viento de frente no explica todo (aunque el Gobierno quisiera)
La Reserva Federal subió las tasas al 3,75%-4%. El petróleo superó los USD 118 por la escalada en Medio Oriente. Los capitales volvieron a refugiarse en activos de bajo riesgo. Es un viento de frente que golpea a todos los emergentes.
Pero acá viene la primera pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que le pasa a Argentina es culpa del mundo, y cuánto es culpa propia?
El riesgo país escaló a 650 puntos básicos, su nivel más alto del año. El Merval cayó 3,2%. Los ADR argentinos se desplomaron hasta 5,5%. Y un informe de Dhalmore Capital estima que el 60% de esa suba responde a factores domésticos.
Traducción: el mercado no está castigando a Argentina por lo que pasa en Medio Oriente. La está castigando por lo que pasa adentro. El contexto global fue el detonante, pero el combustible lo puso la propia economía. ¿Cuánto tiempo más va a sostener el Gobierno que el problema es externo, cuando los propios números del mercado dicen lo contrario?
2. La recesión que el Gobierno decidió no ver
El PBI cayó 0,6% en el segundo trimestre. El desempleo escaló al 7,9%, la tasa más alta desde 2021. La pobreza trepó al 32,3%, un salto de 4,1 puntos porcentuales que equivale a aproximadamente dos millones de personas nuevas en situación de pobreza. JP Morgan recortó su proyección de crecimiento del 2,7% al 1,5% y anticipa una nueva contracción anualizada del 4% para el tercer trimestre.
Frente a este cuadro, la respuesta oficial ha sido la negación. El Presidente sostiene que «los indicadores están arrojando cualquier cosa». La economista Alejandra Scarano lo sintetizó con precisión: «El presidente parece estar bastante peleado con la realidad».
¿Se puede gestionar una crisis que se niega? ¿Se pueden diseñar respuestas oportunas cuando el diagnóstico oficial es que no hay nada que corregir? La negación no es un detalle retórico. Es un problema de gestión. Y los problemas de gestión, en economía, se pagan con más recesión.
3. El modelo que crece sin generar empleo (¿y a quién le sirve?)
Hay un dato que debería estar en el centro del debate público y que, sin embargo, aparece marginalmente en la discusión: de los diez sectores que más crecieron en la era Milei, ocho perdieron puestos de trabajo.
Minas y canteras creció 16% y perdió 5.200 empleos registrados. El agro, la minería y las finanzas generan divisas, pero concentran apenas el 5% del empleo total. La industria manufacturera, en cambio, acumula una caída del 7,9% desde el inicio de la gestión. Más de 30.000 empresas cerraron y se perdieron 90.000 empleos.
El economista Ricardo Arriazu, que no puede ser acusado de heterodoxo, advierte que la destrucción de empleo industrial es inmediata, mientras que la creación de puestos en sectores intensivos en capital puede tardar una década. De los 400.000 empleos registrados perdidos, la cuarta parte son industriales.
¿A quién le sirve un modelo que genera dólares y destruye empleo al mismo tiempo? ¿A los exportadores? Sin duda. ¿Al conjunto de la sociedad? Los números dicen que no. El modelo no está fallando. Está funcionando exactamente como fue diseñado. El problema es que su diseño produce crecimiento económico y destrucción de empleo simultáneamente, y esa combinación es políticamente insostenible en el mediano plazo. ¿Cuánto tiempo puede sostenerse un modelo que beneficia a pocos y perjudica a muchos, sin que esos muchos se organicen electoralmente?
4. El DNU 70/2023: la piedra basal en riesgo (y nadie parece dimensionarlo)
Acá está, a nuestro juicio, el punto más subestimado de toda la coyuntura. El DNU 70/2023 no es un decreto cualquiera: es la piedra basal sobre la que se montó todo el andamiaje desregulador del Gobierno. 366 artículos que derogaron la Ley de Alquileres, desregulizaron la medicina prepaga, eliminaron la Ley de Tierras y habilitaron privatizaciones.
El Senado ya lo rechazó en marzo de 2024. Quedó vivo porque Diputados nunca reunió los votos para derogarlo. Pero la reciente intervención de la Corte Suprema —que revocó un fallo sobre la Ley de Tierras— reabrió el debate sobre la validez de todo el decreto. La oposición convocó a una sesión especial para el 15 de octubre. Si logra el quórum de 129 bancas, el DNU cae completo.
Y hay un dato que el oficialismo no puede ignorar: diputados que votaron con Milei en el pasado, como los misioneros, ya confirmaron que acompañarán la sesión. «Le dimos dos años de crédito», argumentaron.
¿Qué pasa cuando tus propios aliados empiezan a poner fecha de vencimiento al crédito? ¿Qué queda de una coalición legislativa cuando los que la integraban empiezan a votar con la oposición? En el oficialismo hablan de «14 días clave». Santilli se reunió en París con los gobernadores de la comitiva y les pidió apurar los acuerdos electorales. La respuesta de varios fue una pregunta: «¿Qué ofrecés?».
¿Qué ofrece un gobierno que no tiene recursos fiscales, que no tiene mayoría propia y que empieza a quedarse sin respaldo internacional? Y Patricia Bullrich admitió públicamente que «fue apresurado» haber llevado el capítulo de tierras en el proyecto de propiedad privada, dejando al descubierto diferencias internas en el peor momento posible.
Si el DNU cae, no cae solo un decreto. Cae el relato fundacional de que Milei gobierna por decreto porque el Congreso no lo deja. Cae la narrativa de que el ajuste es inevitable. Cae, en definitiva, el andamiaje jurídico sobre el que se montó todo lo demás.
¿Se puede gobernar sin decreto fundacional, sin mayoría legislativa y sin respaldo externo? La respuesta, a esta altura, parece evidente.
5. La sociedad ya no aguanta (¿y las consultoras lo dicen)
Acá no hay un número aislado. Hay un patrón que se repite en todas las mediciones, y eso es lo que debería preocupar en Balcarce 50.
Equipo Mide midió a fines de septiembre: el 55% dice que el sacrificio económico no valió la pena; el 58% dice que está peor desde que asumió Milei; la desaprobación escaló al 59%, récord de la gestión; el 52% cree que no merece un segundo mandato; y el 62% cree que el sacrificio no valdrá la pena en el futuro.
Zuban Córdoba, con 2.000 casos entre el 16 y el 19 de septiembre, registró un 63,6% de desaprobación contra 35,3% de aprobación, con una imagen negativa presidencial de -61,8%.
Synopsis midió un 57,7% que busca un cambio de rumbo, con el núcleo duro de apoyo a Milei cayendo al 12,4%.
Trends mostró que el 40% no llega a fin de mes y el 59% redujo su consumo respecto del año anterior.
El único dato que ofrece cierto alivio es que Milei conserva mejor aprobación que la que tenían Macri y Alberto Fernández a esta misma altura de sus gestiones. El piso no se derrumbó. Pero el techo es bajo, y la brecha entre piso y techo se achica.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse un gobierno con un 59% de desaprobación y un 62% que cree que el sacrificio no valdrá la pena? La conclusión de las consultoras es incómoda pero clara: no es un gobierno derrotado, pero tampoco es un gobierno reelecto. Es un gobierno a merced de lo que pase con la economía en los próximos doce meses.
¿Y si la economía no mejora? ¿Y si la tan prometida recuperación nunca llega al bolsillo de la gente? ¿Qué pasa con un gobierno que apostó todo a que el tiempo le daría la razón, y el tiempo le está dando la espalda?
6. 2027: empate técnico y tendencia desfavorable (¿o ya es irreversible?)
Las encuestas rumbo a 2027 muestran paridad. Trends registró un empate técnico en un eventual balotaje Milei-Kicillof: 42% a 40%, con margen de error del 2,2%. Frente a Cristina, Milei ganaría 42 a 39; frente a Massa, 44 a 39.
Pero el dato que debería hacer ruido no es la foto, sino la tendencia: en marzo, Milei medía 50 a 38 contra Kicillof. La diferencia se achicó a un punto en julio. Y la curva se aplanó.
¿Se puede revertir una tendencia que se viene aplanando desde marzo? Synopsis ubicó a La Libertad Avanza en 33,6% contra el peronismo en 32,7% —diferencia dentro del margen de error—, mientras que Zuban Córdoba puso al peronismo primero con 34% contra 30,1% del oficialismo.
¿Qué pasa cuando el peronismo, fragmentado y todo, mide por encima de La Libertad Avanza en algunas mediciones? El 58% de los votantes peronistas ya eligió a Kicillof como su candidato.
¿Y si la oposición se une? ¿Y si el peronismo deja de lado sus internas y capitaliza el descontento? La elección, hoy, no está definida. Pero la tendencia no es favorable al oficialismo.
7. Brasil, Trump y el Papa: tres definiciones simultáneas (¿demasiadas para un solo gobierno?)
Brasil vota este domingo. Lula y Flávio Bolsonaro llegan a un empate técnico: 47,6% a 47,7% en segunda vuelta. Milei se involucró activamente en la campaña brasileña.
¿Fue inteligente meterse en la elección del principal socio comercial? Brasil concentra el 12,8% de las exportaciones argentinas y el 21,7% de las importaciones. En cualquiera de los dos escenarios, Milei sale debilitado: si gana Bolsonaro, el liderazgo de la derecha regional se le escapa a Flavio; si gana Lula, pierde su contradictor dialéctico. ¿Quién le aconsejó al Presidente intervenir en la política interna de Brasil?
Estados Unidos vota el 3 de noviembre. Trump tiene una aprobación en torno al 39,6% contra un 57% de desaprobación. Diversos sondeos anticipan una posible derrota republicana en la Cámara y el Senado.
¿Qué pasa con Milei si Trump pierde el Congreso? La capacidad de Trump de asistir financieramente a Argentina se reduce drásticamente. Milei queda huérfano de su principal respaldo internacional justo cuando más lo necesita. ¿Tiene plan B? ¿O apostó todo a un solo caballo y ese caballo está perdiendo?
El Papa León XIV llega del 8 al 11 de noviembre. Su agenda incluye el Pequeño Cottolengo, una misa en Palermo, un encuentro con el mundo del trabajo en la UCA y una recorrida por el Complejo Penitenciario Federal. No viene a hablar de superávit fiscal. Viene a hablar de una «Argentina herida, una Argentina dividida», como ya anticipó el arzobispo García Cuerva.
¿Qué mensaje va a dejar el Papa en un país donde la pobreza trepó al 32,3% y el Gobierno celebra el superávit fiscal? Milei quiere la foto. Pero el mensaje del Papa no es el mensaje del Gobierno. Y Kicillof, que ya lo declaró ciudadano ilustre y canceló un viaje a China para estar presente, lo sabe.
¿Puede el Papa convertirse en el hecho político del año sin proponérselo? La historia argentina tiene antecedentes. Y ninguno le fue favorable al gobierno de turno.
8. Conclusión: el laberinto y sus condiciones de salida
El Gobierno enfrenta una confluencia de frentes que se refuerzan mutuamente: un contexto externo adverso, una economía en contracción, un modelo que destruye empleo, un decreto fundacional en riesgo y una sociedad que mayoritariamente dice estar peor.
Pero el oficialismo conserva activos reales: 93 diputados y 19 senadores, poder de fuego del Banco Central, una oposición dividida y un nivel de aprobación superior al de sus antecesores a esta misma altura. No está muerto. Pero está acorralado.
La salida del laberinto no depende de Trump, ni de Brasil, ni del Papa. Depende de dos condiciones internas:
- Que la recuperación llegue al bolsillo de la gente antes de octubre de 2027.
- Que el Gobierno logre blindar su decreto fundacional antes del 15 de octubre.
Si logra ambas, compite. Si falla en cualquiera de las dos, el laberinto se lo come.
¿Puede un gobierno sostenerse sobre la negación de la realidad? ¿Puede un modelo económico que destruye empleo ganar una elección? ¿Puede un Presidente que apostó todo a un aliado extranjero sobrevivir si ese aliado pierde?
Las respuestas, a esta altura, no están escritas. Pero las preguntas ya no admiten evasión. Y en política, cuando las preguntas se acumulan sin respuestas, el costo lo paga el que gobierna. La política no perdona a los que confunden deseos con datos.




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